'Para todos los que deseen entender el intento de MACU (Movimiento de Acción Ciudadana Utuadeña) por desarrollar un mecanismo adecuado para el manejo de desperdicios del país. Un reciclaje que responda a los vacíos y las necesidades de Puerto Rico.
Entramos al lugar que por ahora funciona como pequeño almacén donde se encuentra el logro de la empresa MACU Reciclyng que con ayuda de la Oficina para la Promoción y el Desarrollo Humano (OPDH) consiguió: tres máquinas compactadoras de material reciclable, y otra que esperaba por material para ser procesado. Franco nos explicaba cómo funcionaban las máquinas, también, los distintos tipos de plásticos que existen y cuáles fueron escogidos para ser trabajados por esta empresa comunitaria Utuadeña, que surge como un llamado para forjar la autogestión y manejar los problemas sociales y ambientales que existen. Con sus expresiones al estilo boricua, nos dejaba saber que hacer de este proyecto una realidad conlleva un sinnúmero de sacrificios profesionales y personales en un camino que desde el primer día es cuesta arriba. Franco nos habló con sinceridad y directo al grano sobre los comienzos del proyecto y quiénes están o han estado involucrados con el mismo.
Interesadas en las comunidades que estarían participando de los beneficios de este programa, optó por llevarnos al barrio Jácanas para que conociéramos a un personaje que él admira profundamente. Después de muchas curvas llegamos al barrio donde vive Don Pedro con su esposa, perros, cotorras, gallinas y muchos árboles con frutos envidiables, con un paisaje de hermosas montañas en su derredor. MACU se dio a la tarea de contactar a líderes como Don Pedro para forjar y recuperar espacios para un reciclaje que generalmente no se piensan para comunidades, pues se desarrolla mayormente desde grandes empresas. En el momento cuentan con diez posibles lugares para establecer las pequeñas empresas en toda la isla. El objetivo es que sean los barrios y las personas interesadas en trabajar con estos asuntos los que tomen el poder en sus manos y se responsabilicen por el manejo de los desperdicios. Las comunidades contarán con una compactadota que se les estará alquilando por un dólar y con un sistema de recogido del material. Luego se almacenará en Utuado en el centro donde comenzamos nuestro recorrido, desde ahí se llevará a Juncos para que se procese y por último se comerciará con empresas de Puerto Rico, de República Dominicana y de muchos otros países. Con esto esperan resolver problemas de salud, costear los diversos proyectos que tienen en la isla y responder al incumplimiento de agencias del gobierno como la Autoridad de Desperdicios Sólidos de Puerto Rico entre otras. Aunque por ahora esto es sólo un sueño, un intento que lleva varios años y que cada vez se vuelve más real, personas como Franco y Don Pedro lo esperan y lo impulsan entre su comunidad día a día.
Luego de un jugo de parcha, una extensa conversación con Don Pedro y varias acerolas decidimos que era tiempo de irnos de su casa por lo que partimos hacia el pueblo, a ver quien más esperaba ansioso la llegada de este proyecto. Dimos varias vueltas por la plaza con Franco viendo un atardecer tímido. Llegamos a un puente situado en el medio del pueblo. Allí nos encontramos con Ramón. El vive debajo del puente frente al río de Utuado; nos quería enseñar su hogar y demostrarnos su rol en el mundo del reciclaje. Bajamos una cuesta, pasamos un portón donde Ramón tiene una finquita de gandules y plátanos con una hamaca entre dos árboles. Su hogar consiste de dos camas, una lámpara, un taller de bicicletas, unos ganchos con ropa y un perro guardián llamado Carlos. Carlos es quien protege el trabajo de Ramón: una montaña de latas que poco a poco va acopiando para llevar al centro de reciclaje más cercano. Pero el centro más cercano queda muy lejos de allí y por tanto espera sin remedio a la apertura de uno en Utuado. Convencía a Franco para que llegaran los camiones de colecta allí al puente. Ramón es líder de los recogedores de material reciclado del centro de Utuado y prometió organizarlos para tener un centro de acopio que trabajará a la par con el proyecto, integrándose a la iniciativa y generando pequeños empleos entre sus amigos y colaboradores, Como Miguel Ángel, que fue a visitarlo mientras hablábamos frente a la hamaca.
Poco a poco nos fuimos despidiendo pues en el mes de octubre los días se van haciendo cortos y ya iba anocheciendo. Cuando subimos a la parte de arriba del puente ya se había puesto oscuro y decidimos que era tiempo de regresar a nuestras realidades metropolitanas. Les dimos las gracias a Ramón, a Franco ya Miguel Ángel para continuar nuestro camino.
Un camino que nos tomo alrededor de una hora y que nos hizo pensar en muchas cosas que sucedieron durante el día. Nos preguntamos varias cosas y conversamos sobre lo que aprendimos en cuanto al reciclaje y sobre lo que es tratar de hacer una microempresa pero más aún nos preguntamos: ¿Por qué continuar separando ambiente y desarrollo? Como si fuesen cosas apartes y distantes cuando en ambos estamos hablando de lo mismo. Cuando se desarrolla en comunidad como en el caso de este proyecto, creamos ambientes sostenibles que impulsan el mejoramiento del país y del ecosistema que vivimos. Nos hacía falta salir de nuestro ambiente inmediato y conocer proyectos como el de MACU para articular de manera coherente este pensamiento, para quedar convencidas de que sí es posible o por lo menos probable que se desarrolle de otra manera el país donde vivimos, de una manera sustentable y efectiva que vaya acorde con las realidades de la naturaleza y de la gente que la vive.
Movimiento Ambiental Ciudadano Utuadeño
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